Siéntate aquí conmigo, hija. Hay algo que nunca te he contado completo.
Yo tenía 14 años, como tú ahora. Varias de mis amigas del colegio ya habían celebrado sus 15, unas en Bogotá y otras en haciendas de la Sabana, y los míos estaban a pocos meses.
Pero antes de mi fiesta llegó la de Sandra, en diciembre, y en el cole no se hablaba de otra cosa sino de su fiesta de 15. Nadie se la podía perder.
Llegó el día y tenían razón. Fue una fiesta de película: flores por todas partes, luces cálidas, mesas elegantes, champaña, hasta tapete rojo. Los invitados parecían príncipes y princesas.
Cuando Sandra entró del brazo de su papá, el salón entero guardó silencio. Su cabello brillaba, pero lo que más brillaba era su cara. Estaba feliz. Estaba viviendo el momento de su vida, y todas lo sentimos.
Pensé que ya lo había visto todo. Pero lo mejor todavía no había llegado.
Entró el mariachi
Terminó la cena, los papás dijeron sus palabras, y entonces se abrieron las puertas.
Primero entraron los violines, tantos que parecía que la fila no terminaba. Después el arpa, el guitarrón, la vihuela, las trompetas, las voces. Eran casi quince músicos, perfectamente uniformados, avanzando en orden hasta rodear a Sandra.
Yo tenía los ojos abiertos como una lechuza. Todas las amigas dijimos “¡wow!” al mismo tiempo.
A ninguna de nosotras nos habían llevado serenata con mariachi en nuestros 15. Esa noche entendimos que era la cereza del pastel.
El momento que nunca olvidé
Pero lo que de verdad me marcó no fue la música. Fue cuando sonó la canción de madre e hija, y después la de padre e hija.
Vi a Sandra abrazada a su mamá. Vi a su papá intentando ser fuerte y perdiendo la batalla. Los tres lloraban de amor, y ese llanto nos contagió a todas. Veinte años después todavía no sé explicarte por qué ese instante se me quedó grabado más que el vestido, la decoración, la cena, el baile y todo lo demás.
Creo que por eso se me quedó: porque ella lo estaba escuchando con el corazón abierto.
Lo que yo quise y no tuve
Yo había pedido que no hubiera mariachi en mi fiesta. Me parecía que no iba conmigo.
Pero después de los 15 de Sandra, cambié de opinión por completo. Durante un mes entero fue mi tema de todos los días (pregúntale a tu abuela, la aburrí). Me imaginaba entrando a mi fiesta con la fila de violines detrás, y a mis papás y a mí abrazados mientras el mariachi cantaba para nosotros. Veía esa escena con los ojos cerrados.
Pero como yo misma había dicho que no, nadie había cotizado ni reservado mariachi. Y cuando por fin lo pedí, ya no había agenda disponible.
Me quedé sin mi serenata.
Hoy, veinte años después, todavía me duele un poquito.
Por eso en tus 15, hija, lo primero que voy a contratar es el mariachi. :D
Lo que aprendí (y lo que te recomiendo si tu hija va a cumplir 15)
Reserva el mariachi primero
Los buenos grupos se llenan con meses de anticipación, sobre todo en mayo y diciembre, temporada de fiestas.
Piensa en la canción de madre e hija y de padre e hija
Ese es el momento que más se recuerda y más conmueve. Cuéntale al mariachi la historia de tu familia para que lo personalice. Puedes buscar ideas en nuestro repertorio.
No decidas solo por lo que ella dice hoy
A los 14 una niña puede decir “no quiero mariachi”, y a los 15 puede soñar con él. Hazlo por la emoción y el amor que va a recordar toda la vida.
Las fotos y los videos se olvidan. Lo que se siente, no.
Reserva la serenata de los 15 de tu hija
El vestido se guarda en el clóset, la decoración se desarma, pero el momento en que el mariachi canta para tu hija y para ti se queda para siempre.
No esperes a que se acabe la agenda, como me pasó a mí.